Friday, March 24, 2017

Diario de Yatzil

13 de enero del 2017

Hoy conté 5 idiomas, 15 tonalidades de piel, y 128 caras diferentes. Los hombres de ahora son enormes, como lo era Tanok. Pienso mucho en Tanok, nuestro mejor guerrero, el más curioso de los mayas, gracias a él supimos de la mina de Jade, gracias a él conquistamos las tres ciudades. Imagino como Tanok destrozaría a todos estos visitantes en medio de la selva. Extraño verlo correr entre los árboles, perderse detrás de un matorral minúsculo y aparecer como un jaguar por detrás para sacarte el cerebro.

Pero no deseo que Tanok descuartice a esta gente. Llevamos 1000 años solos en esta cueva y estos visitantes me mantienen despierto. Estudio sus idiomas, escucho sus tonterías y a veces viene alguno de alma visible y poderosa. Desearía que uno de ellos muriese aquí para tener compañía nueva.

Yo fui el último en ser sacrificado, cuando ya casi todos se habían ido de nuestra ciudad, muertos de dolor y de hambre. Recuerdo cuando rompieron mi espalda, con mis manos rotas alcé mis brazos y vi por primera vez las almas de mis 6 compañeros, sacrificados antes. No había esperanzas. Lo primero que hice fue preguntarles si habían hablado con Hunahpú. Aquí no hay héroes ni dioses, me dijeron, después nos quedamos solos por 1000 años.

Cuando se van las luces de los turistas me dan ganas de salir de esta cueva, ver el sol otra vez, estar entre campos sembrados, correr en la selva. Pero sé que si lo hago los dioses estallarían de furia, terminaría la vida, moriría mi raza. Sé que las cosas no van bien, la mayoría de los que vienen a verme no son mayas, pero sé que todavía existimos pues los escucho hablar de sus familias y de otros que todavía siembran y luchan.

Vienen a fotografiarme, hablan de mi esqueleto como algo absurdo, dicen que soy muerte inútil, un sacrificio a dioses que no existen. No todos piensan así, hay algunos mayas, como el guía Elmo, siempre de pocas palabras, que sabe que está vivo gracias a mí y a mis compañeros. Todos están vivos gracias a mi muerte. Hablan de mi ciudad, de mis pirámides, de mi sexo, de mis dientes. Dicen que mi ciudad no existe, pero yo sé que van a verla, sé que muchos viven en ella, lo veo en los ojos de Elmo y de Cesar. Mi ciudad ya nunca dejara de existir, mi sexo era el del macho y de la hembra, yo era todos y eso lo supo Tanok antes que nadie, por eso le di de beber mi sangre. Mis ojos nunca estuvieron cruzados.

Yo los salvé a todos y ahora ya no hacen sacrificios en esta cueva, los dioses se han ido de aquí. Reciben sangre en algún otro lugar. Pero no pierdo la esperanza.
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Friday, February 3, 2017

Luc Templo

Luc Templo no era un hombre. Nos tomó mucho tiempo descubrirlo. Ylen siempre sabía decir que ella fue quien lo conoció primero y lo trajo al grupo. Luc Templo no hablaba, no se movía, pero todos sabíamos cuando era su turno de hablar y nos callábamos, todos sabíamos cuando era su turno de moverse y nos quitábamos. La vez que fuimos a visitar a Alejandro en su cabaña de Massachusetts le dejamos el asiento de adelante del van, le dejamos el sofá más cómodo de la sala, le servimos whiskey con hielo fresco cada vez que se derretía y se aguaba el anterior.

Ylen nos jura que lo conoció en un restaurante, que lo vio beber y comer y que se enamoró de el porque le leyó unos poemas que la dejaron con lágrimas en los pies. El restaurante estaba en Nueva Orleans y según ella comieron un estufado de cangrejo de rio, luego bebieron absenta en un bar pegado a una iglesia donde Luc Templo dormía gracias a la bondad de un cura español que también bebía absenta. Como Ylen era la única que lo había oído hablar, nos contaba sobre él, a veces hablaba de él en su presencia, como si no estuviese ahí. Luc Templo se había acostado con el cura y había estado enamorado mil veces en su natal India, de donde tuvo que huir por haber incendiado un templo donde se realizaban ceremonias que involucraban a menores de edad castrados.

Ylen no es la única razón por la que sabemos que Luc estuvo entre nosotros durante un año y medio. A pesar de que no lo veíamos, no lo escuchamos nunca, no se comió nada de lo que le dimos ni se acostó nunca en los colchones ni los sofás que le preparamos en nuestras casas, sabíamos que Luc Templo estaba ahí, y solo lo supimos con total certeza al final. Estábamos haciendo un reportaje en un pueblo de Virginia. Estábamos Jola, John, Dieber, Christy y yo, más Luc. Ylen no estaba con nosotros, tampoco Alejandro estaba, ni sus hermanas. Después de haber andado todo el día las calles, trabajando, haciendo entrevistas y tomado fotos, regresamos al motel, descansamos un rato y salimos todos a comprar cigarrillos y licor para consumir antes de dormir, debo decir todos porque Luc vino con nosotros. En la pequeña tienda, que recuerdo tenía aspecto a gasolinera, no estaban más que el empleado y un joven sucio vestido con sudadera, despeinado y abúlico. Cuando entramos, el joven se quedó mirándonos, supimos que miraba a Luc Templo, nombre que por primera vez se materializó ante nosotros.

Entre Jola y yo se hizo una sombra sin ojos ni boca, tenía la forma de una palabra ininteligible, miró y habló al joven abúlico en algún idioma, dijo algo así como ‘gordtuferak’ o ‘lordutferal’, y se esfumó por la puerta, el joven salió corriendo detrás de Luc Templo y nosotros detrás del joven. Los perdimos de vista en un bosque que colindaba con el pueblo.

La más afectada fue Ylen, quien además de haberlo encontrado lo había nombrado Luc, John, al enterarse de su historia de destructor de templos le había agregado el Templo. La semana siguiente regresamos a Virginia con Ylen, fuimos a la misma no gasolinera, nos quedamos en el mismo hotel, buscamos por todo el bosque, pero Luc Templo no apareció, tampoco apareció el muchacho de la sudadera.

Hablamos con el empleado de la tienda para que nos dejara revisar las cintas de seguridad, pero ya habían sido reemplazadas. Al mes siguiente regresamos. John compró un arma y con ella amenazó al empleado de la tienda para que confesara quien era el muchacho aquel. El empleado lloró y prometió no saber nada.

Ylen se deprimió profundamente. A los pocos meses John anunció que se dedicaría a buscar a Luc Templo el resto de su vida, que dejaría nuestra editorial. Sin John ya no habría editorial pues el dinero era de él, y nosotros, sus amigos, nos dedicábamos al arte. Yo pensé en seguirlo en su búsqueda, Ylen lo siguió, al igual que las hermanas de Alejandro.

Pensé varios días en unirme a la búsqueda pero supe que sería en vano, no se puede perseguir a un dios. Alejandro asegura que Luc no es un dios, pero yo sé que lo es.
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Tuesday, January 31, 2017

_| Travesía

Considero que los siguientes son los ingredientes para una historia de aventura perfecta

- un viaje

- un lobo

- dormir poco

- algo perdido, se busca, no se sabe qué es

- un pasado nublo, sórdido, incomprensible, que no deja en paz la mente del protagonista

El lobo tiene mente de hombre, no le interesa hablar, es escritor (no se pregunten cómo escribe). Es más alto que un perro pero más bajo que los otros lobos. Es muy delgado, nació en el desierto, Méjico o Tejas.

Llegar a Luisiana le tomo 3 semanas, en la selva durmió cerca de unos cocodrilos inmóviles. En la mañana cazó una ardilla y mientras comía, un cocodrilo joven intento arrebatarle su desayuno pero solo logró dejarle una cicatriz en el hocico.

Se paseó por las calles de Nueva Orleans, todos pensaron que era un perro. Se dejó adoptar por dos semanas por un músico callejero anciano que tocaba la filarmónica. Luego continuó su marcha. En Georgia escucho aullidos como los de sus natal Tejas (o Méjico), recordó a sus amigos muertos. Paso un año en una reserva indígena en donde lo trataron como al más temible de los lobos pues a su llegada se peleó con la más grande de las perras de la reserva y la mordió hasta que cayó al piso, luego se detuvo, no la mató, la perra se recuperó y fue su compañera. Por primera vez probó la carne de venado.

Era primavera y pensó en viajar al sur pero supo que no aguantaría el calor y partió al norte dentro de un camión lleno de trabajadores de la reserva.

Los trabajadores paraban en las ciudades del camino a Canadá, recaudaban fondos y vendían mercancía echa en la reserva. Era otoño y el lobo quedó fascinado con el follaje en las montañas de Vermont. Entre quedarse y seguir decidió quedarse. Descubrió que los animales del área eran tranquilos, apenas cruzaban miradas, hacían el amor en silencio y no se mezclaban con los humanos. Por primera vez probó la carne de langosta.

Pasó el invierno en la casa de verano de algún hombre de empresas. Estaba cómoda, vacía y bien surtida.

Cruzando una pradera de nieve en descongelación recibió un disparo en su pierna derecha. Corrió lo más rápido que pudo a un lago cercano, limpió su herida, nadó a la otra orilla y se echó exhausto al pie de un árbol. Durmió por varios días, comiendo nieve derretida y hierba seca. Un lobo mucho más joven, más alto y más delgado lamió su herida una mañana, le trajo un zorro recién cazado y trató de ayudarlo a levantarse. Pero ya estaba muy débil para comer y levantarse.

La noche antes de morir otros dos lobos jóvenes vinieron a verlo, aullaron a la luna, lamieron su herida, escucharon la historia de su travesía y durmieron a su lado.
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Sunday, January 22, 2017

Historia radicalmente condensada de la vida postindustrial

Cuando fueron presentados, él hizo un comentario ingenioso queriendo caer bien. Ella se rio muy alto, queriendo caer bien. Luego cada uno manejó solo a sus casas, mirando directo al vacío, con la misma mueca en sus rostros.

El hombre que los presento fingía que ambos le caían bien, por la ansiedad de preservar buenas relaciones con todo el mundo. Uno nunca sabia, después de todo, si uno, si uno, si uno, si uno...

David Foster Wallace
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Sunday, January 15, 2017

La Era de la Cilubina

3 de enero del 2079

Es difícil no encontrar sentido en la idea de Andiono de que nuestro tiempo pasó como el de muchas especies antes de nosotros. Antes de la era del hombre, cuando los dinosaurios poblaron la tierra, el mundo era imposible con carros y maquinas, lo que llamamos inteligencia era un concepto en el mejor de los casos imposible. Durante nuestra era, el concepto de Cilubinas era acaso igual de inusitado. Lo que poseen estos nuevos seres que nacen mientras nosotros desaparecemos es incomprensible. Le hemos denominado Cilubinas por razones que desconozco y que desconoce el propio Andiono, el mejor científico de España y líder de nuestra aldea. Posiblemente la última aldea en Europa, con seguridad la última en España.

Hemos aceptado nuestro destino y sin muchas batallas que nos queden por ganar hemos escogido quedarnos tranquilos en este espacio de tierra, darnos la mejor vida posible, enterrar a nuestros muertos en paz y no tratar de entender el mundo. Al menos eso hacen la mayoría, la resignación los mantiene tranquilos. Andiono y yo hemos estado haciendo lo contrario, cada noche especulamos, escribimos, enviamos señales de radio y planeamos expediciones a Madrid, a lo que solía ser Madrid, que ahora está poblado de Cilubinas, de las más extrañas, las que son de humo, les llamamos Los Alientos, porque son tibias, húmedas y huelen a algo parecido al café. Hubo quienes les llamaron Los Fantasmas, Los Espantos, Fuegos Fatuos, pero esos ya están muertos, ahora solo quedamos los de nuestra aldea y nosotros les llamamos Los Alientos. Son formas echas de un aire oscuro, por lo general delgadas, rectas, siempre en posición vertical y pegadas a la tierra. Se mueven rápido, a veces se mezclan por unas horas y cuando se separan se duplican o triplican en número. Aunque Los Alientos nunca nos hicieron ningún daño a los humanos Madrid fue la primera ciudad de España en ser evacuada y fue por pánico, una terrible decisión porque sus alrededores si estaban poblados por Cilubinas toxicas y fatales para los humanos. Quizás en Madrid aún se pueda vivir.

Que quede claro que pertenezco a la escuela de pensamiento que dice que no son las Cilubinas las que están acabando con los humanos directamente, nuestros problemas empezaron mucho antes y fueron de naturaleza ambiental. Andiono ha escrito mucho al respecto y en sus investigaciones está sustentada la teoría de que las Cilubinas son producto de cambios químicos en nuestro planeta, los mismos cambios que han ido acabando con los habitantes de nuestra aldea. Las Cilubinas vinieron después y solo aceleran el proceso de extinción.

Hace 5 años éramos 744 y hoy somos 535 en nuestra aldea. Me alegro de haber documentado la vida de todos los habitantes en este diario, guardo la esperanza pueril de ser leído dentro de mil o diez mil años cuando se estudien nuestras vidas. Escribo cada noche después de regresar de casa de Andiono, de conversar sobre la posibilidad de sobrevivir, de detener la muerte, de volver a poblar la tierra.

Pocas veces me detengo a pensar en lo que creo y espero. Cuando lo hago siempre me arrepiento pues sé que nuestra situación es terminal, desesperanzadora. La expedición a Madrid es utópica. No hay manera de que podamos cruzar 200 kilómetros de especies de Cilubinas que nunca hemos visto, que nos puedan matar con solo mirarlas. Nuestros planes y conversaciones no tienen ningún sentido. Pero la verdad es que quiero vivir, quiero que Maria viva y que viva nuestro hijo Alexis. Quiero morir dentro de 35 años y que los 535 nos encontremos convertidos en 5000, que estemos repoblando España, que Andiono haya sido nuestro líder y que estemos ya en contacto con ciudades florecientes en Francia, Inglaterra, Marruecos. Pienso en esto y sigo trabajando.

5 de enero del 2079

Acabo de verla, ha crecido la primera Cilubina en nuestra aldea. La he visto mientras caminaba de regreso a mi casa, después de una larga noche de planes con Andiono. No creo que nadie más la haya visto. Es pequeña, pero no tardará en tomar fuerza.

Es una de las peores, una de las que crecieron en China. La recuerdo en las noticias hace más de 7 años, llegan a ser del tamaño de una montaña pequeña, salen de la tierra como un árbol o como una mandrágora, tienen una especie de cuerpo de oveja o camello, se retuercen cada segundo como un animal asustado, sus piernas son delgadas, están enterradas como tuberías de madera dorada, sus cuerpos están cubiertos de trozos de una materia cremosa que parece algodón y que brota de todas sus partes como verrugas. En China no quedó un solo sobreviviente después de 1 mes de la primera aparición.

Cuando la vi regresé instintivamente a casa de Andiono a avisarle pero me detuve en su puerta y regrese a mi casa, decidí escribir esto en mi diario y meterme en la cama con mi mujer e hijo que duermen ya tranquilos. Mañana hablare con Andiono, quizás escondamos la Cilubina, le echemos tierra para que nadie la vea, quizás decidamos evacuar la aldea y buscar un paso seguro a Madrid.
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