Saturday, October 14, 2017

La Literatura de Nueva York

Escena 1

Nació y creció en Manhattan. Llevó a su novia a un café y le dijo que se marchaba.

-¿A dónde vas?

-Empezaré por México. En un año quisiera estar en Buenos Aires.

-Ya sé… No puedes escribir desde aquí…

-La literatura aquí no se vive, solo se escribe. Han asesinado a esta ciudad con tratados sociales y literatura moralista.

-Eso es una grandísima idiotez - Finalmente ella perdió la calma con la que lo había tratado por mucho tiempo y lo insultó - Un escritor escribe desde cualquier lado lo que le da la gana, eres un estúpido.

Sin decir nada, él termino su café y se marchó. Llevaba los pantalones estrechos, una maleta con ropa, una libreta, una pluma y un martillo.

Escena 2

En Tepoztlán, México, una muchacha iba en su bicicleta cuando un conductor no paró en la roja y la atropelló, se bajó de su carro y comenzó a agredirla. Nuestro héroe la vio sangrando en el asfalto y le clavó el martillo en la cabeza al conductor. Se hizo silencio por fin. El escritor se acercó a la muchacha y estuvo a su lado hasta que aparecieron los paramédicos, entonces se echó a correr.

Escena 3

Claro que eventualmente terminó en la cárcel condenado por quince años, de los cuales le quedan catorce. La muchacha atropellada lo va a visitar todos los días. A veces va en una silla de ruedas.

Claro que están enamorados. Cuando él tenga 37 y sea libre ella tendrá 38. Él escribe: “la literatura de Nueva York está dormida, habrá que despertarla desde Tepoztlán.”
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Friday, March 24, 2017

Diario de Yatzil

13 de enero del 2017

Hoy conté 5 idiomas, 15 tonalidades de piel, y 128 caras diferentes. Los hombres de ahora son enormes, como lo era Tanok. Pienso mucho en Tanok, nuestro mejor guerrero, el más curioso de los mayas, gracias a él supimos de la mina de Jade, gracias a él conquistamos las tres ciudades. Imagino como Tanok destrozaría a todos estos visitantes en medio de la selva. Extraño verlo correr entre los árboles, perderse detrás de un matorral minúsculo y aparecer como un jaguar por detrás para sacarte el cerebro.

Pero no deseo que Tanok descuartice a esta gente. Llevamos 1000 años solos en esta cueva y estos visitantes me mantienen despierto. Estudio sus idiomas, escucho sus tonterías y a veces viene alguno de alma visible y poderosa. Desearía que uno de ellos muriese aquí para tener compañía nueva.

Yo fui el último en ser sacrificado, cuando ya casi todos se habían ido de nuestra ciudad, muertos de dolor y de hambre. Recuerdo cuando rompieron mi espalda, con mis manos rotas alcé mis brazos y vi por primera vez las almas de mis 6 compañeros, sacrificados antes. No había esperanzas. Lo primero que hice fue preguntarles si habían hablado con Hunahpú. Aquí no hay héroes ni dioses, me dijeron, después nos quedamos solos por 1000 años.

Cuando se van las luces de los turistas me dan ganas de salir de esta cueva, ver el sol otra vez, estar entre campos sembrados, correr en la selva. Pero sé que si lo hago los dioses estallarían de furia, terminaría la vida, moriría mi raza. Sé que las cosas no van bien, la mayoría de los que vienen a verme no son mayas, pero sé que todavía existimos pues los escucho hablar de sus familias y de otros que todavía siembran y luchan.

Vienen a fotografiarme, hablan de mi esqueleto como algo absurdo, dicen que soy muerte inútil, un sacrificio a dioses que no existen. No todos piensan así, hay algunos mayas, como el guía Elmo, siempre de pocas palabras, que sabe que está vivo gracias a mí y a mis compañeros. Todos están vivos gracias a mi muerte. Hablan de mi ciudad, de mis pirámides, de mi sexo, de mis dientes. Dicen que mi ciudad no existe, pero yo sé que van a verla, sé que muchos viven en ella, lo veo en los ojos de Elmo y de Cesar. Mi ciudad ya nunca dejara de existir, mi sexo era el del macho y de la hembra, yo era todos y eso lo supo Tanok antes que nadie, por eso le di de beber mi sangre. Mis ojos nunca estuvieron cruzados.

Yo los salvé a todos y ahora ya no hacen sacrificios en esta cueva, los dioses se han ido de aquí. Reciben sangre en algún otro lugar. Pero no pierdo la esperanza.
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Tuesday, January 31, 2017

_| Travesía

Considero que los siguientes son los ingredientes para una historia de aventura perfecta

- un viaje

- un lobo

- dormir poco

- algo perdido, se busca, no se sabe qué es

- un pasado nublo, sórdido, incomprensible, que no deja en paz la mente del protagonista

El lobo tiene mente de hombre, no le interesa hablar, es escritor (no se pregunten cómo escribe). Es más alto que un perro pero más bajo que los otros lobos. Es muy delgado, nació en el desierto, Méjico o Tejas.

Llegar a Luisiana le tomo 3 semanas, en la selva durmió cerca de unos cocodrilos inmóviles. En la mañana cazó una ardilla y mientras comía, un cocodrilo joven intento arrebatarle su desayuno pero solo logró dejarle una cicatriz en el hocico.

Se paseó por las calles de Nueva Orleans, todos pensaron que era un perro. Se dejó adoptar por dos semanas por un músico callejero anciano que tocaba la filarmónica. Luego continuó su marcha. En Georgia escucho aullidos como los de sus natal Tejas (o Méjico), recordó a sus amigos muertos. Paso un año en una reserva indígena en donde lo trataron como al más temible de los lobos pues a su llegada se peleó con la más grande de las perras de la reserva y la mordió hasta que cayó al piso, luego se detuvo, no la mató, la perra se recuperó y fue su compañera. Por primera vez probó la carne de venado.

Era primavera y pensó en viajar al sur pero supo que no aguantaría el calor y partió al norte dentro de un camión lleno de trabajadores de la reserva.

Los trabajadores paraban en las ciudades del camino a Canadá, recaudaban fondos y vendían mercancía echa en la reserva. Era otoño y el lobo quedó fascinado con el follaje en las montañas de Vermont. Entre quedarse y seguir decidió quedarse. Descubrió que los animales del área eran tranquilos, apenas cruzaban miradas, hacían el amor en silencio y no se mezclaban con los humanos. Por primera vez probó la carne de langosta.

Pasó el invierno en la casa de verano de algún hombre de empresas. Estaba cómoda, vacía y bien surtida.

Cruzando una pradera de nieve en descongelación recibió un disparo en su pierna derecha. Corrió lo más rápido que pudo a un lago cercano, limpió su herida, nadó a la otra orilla y se echó exhausto al pie de un árbol. Durmió por varios días, comiendo nieve derretida y hierba seca. Un lobo mucho más joven, más alto y más delgado lamió su herida una mañana, le trajo un zorro recién cazado y trató de ayudarlo a levantarse. Pero ya estaba muy débil para comer y levantarse.

La noche antes de morir otros dos lobos jóvenes vinieron a verlo, aullaron a la luna, lamieron su herida, escucharon la historia de su travesía y durmieron a su lado.
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Sunday, January 22, 2017

Historia radicalmente condensada de la vida postindustrial

Cuando fueron presentados, él hizo un comentario ingenioso queriendo caer bien. Ella se rio muy alto, queriendo caer bien. Luego cada uno manejó solo a sus casas, mirando directo al vacío, con la misma mueca en sus rostros.

El hombre que los presento fingía que ambos le caían bien, por la ansiedad de preservar buenas relaciones con todo el mundo. Uno nunca sabia, después de todo, si uno, si uno, si uno, si uno...

David Foster Wallace
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Thursday, December 15, 2016

Tarareo

La conocí en un avión, de eso estoy seguro. El recuerdo es sólido como el sol rutilante sobre una plaza de palomas (las sombras no son nada). Yo iba cansado, ella también, era evidente que peregrinaba, su ropa de tejidos, su bolsa de tejidos, guardaban aire puro y sucio. Una trenza larga, descuidada, pero no olvidada, ahí estaba su personalidad. En fin, no recuerdo su nombre y ella menos el mío, pero recuerdo bien su superficie de crema y recuerdo que recorrimos el mundo.

Mientras todos en el vuelo dormían ella escuchaba una canción que yo reconocí. Le hablé, me presto un audífono y la escuchamos juntos. El error (digámosle así) radicó en que tararemos juntos la melodía. El sonido (digámosle así) llego a los oídos del hindú del asiento de al lado. El hindú despertó por un instante y escuchó. Y así fue como me junte con ella. En ese momento nuestros asientos se vaciaron, dejamos de ser sólidos y nos convertimos en esa canción, nos metimos en la cabeza del hindú. Sentí que ya yo no existía pero a la vez que paseaba por calles alborotadas de Mumbai, nadaba en un rio negro de Pakistán con niños delgados mientras un grupo de muchachas curiosas miraban y reían sobre una piedra verde, vi comer carnes sumergidas en salsas densas. Estaba metido en el fondo de la cabeza de ese hindú, y ella estaba a mi lado, mejor dicho, yo completamente mezclado con ella.

Estuvimos entrelazados en el hindú por dos días, comiendo con su familia, escuchando a otros hindús en una oficina, montando autobuses calientes. Al tercer día bailamos y cantamos en su fiesta de cumpleaños. Fue ahí cuando el señor recordó la canción que fuimos ella y yo, nos recordó, claro que no tenía idea que era la canción que estaban tarareando los desaparecidos del avión. Entre un beso y un ‘gracias por venir’ nos tarareo rodeado de su familia y amigos. Ahí fue cuando salimos de su cabeza. Mi piel pegada a la de ella como una trenza en la espuma de la orilla. Salimos de la boca del hindú y nos colamos por los oídos de todos los que estaban a su alrededor.

Creo que nos metimos en las cabezas de 15 personas y a partir de aquí no puedo hacer una historia coherente. Sé que vimos camellos, la aurora boreal, vimos morir a un tigre blanco en un zoológico chino, pescamos en altamar peces hermosos y fuertes como troncos de árbol aferrados a la vida, bailamos, se lloró mucho en una ciudad que parecía latinoamericana, hicimos el amor, hablamos con muertos, pasamos abrazados de cientos de amantes que tarareaban a otros cientos de amantes. Alcanzamos el hielo y los volcanes de los polos en menos de un año.

No recuerdo tampoco cuando fue que el mundo empezó a olvidarnos, la canción, el murmullo moría en las cabezas. Pude tener una idea clara de mi fusión con ella nuevamente cuando una joven niña en Quito se sentó frente a su ordenador a buscar la canción que le había oído tararear a su joven maestro en la escuela. Buscó letras, palabras, frases, la-la-la-la, pero no encontró nada, nos trató de cantar en el proceso pero no lo consiguió. Después de veinte minutos de búsqueda se dedicó a un juego de princesas digitales. Entonces deduzco: el hindú nos había olvidado, sus quince amigos nos olvidaron, los cientos de miles y el joven profesor de la niña nos olvidó, la niña nos olvidó. El olvido nos permitió aparecer físicamente sobre la faz de esta tierra una vez más, ella y yo.

Creo haberla visto o haberla olido (ya su olor es una memoria física) en las calles de Quito. Yo buscaba un lugar de donde telefonear a casa.

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Saturday, December 14, 2013

Someillan Sorry

La primera entrega ocurrió cuando estaba a punto de registrar las maletas para poner fin a mí visita. Félix entró a la suciedad del aeropuerto arrastrando su sombra flácida y un baúl más grande que él. Se apresuraba a la boca un pan seco untado de algo amarillo. El baúl era color crema, humedecido y pesado, fileteado en un dorado opaco con curvas y moldes ridículos. Lo movía a empujones cansados, pero con cierto amor, abriéndose camino en los pasillos que olían a desinfectante barato. La tapa no podía cerrarse bien y desde adentro saltó una mano deshidratada, vestida con una camisa verde clara.

Miré a mi amigo parado frente a mí, el pan en sus labios rotos por el calor, mire a sus ojos hundidos y nos abrazamos. Mi sombra abrazó la suya y por un momento fuimos uno, el mismo amigo que se confunde en el reflejo del otro. Su sombra recibió la mía en silencio, como dos mascotas que se huelen en paz.

Félix, el amigo de verdad, de la infancia, nunca me había pedido nada, apuró su voz tartamuda: “Necesito un fa-fa-favor mi hermano, tu sabes que nuestro hito siempre ha sido sa-aaaa-asalir de Cuba, y ahora que mi padre haa-aa-a muerto, necesito que lo saques, lo traigo aquí cooo-o-o-onmigo”. Con cuidado empujó la mano del padre hacia adentro y abrió la tapa, levantó la punta de un gancho de colgar con facilidad y dejó ondear su contenido como una bandera desgonzada. Parecía una muda de trapos viejos, que los habitantes de la isla conservan durante décadas. Era su padre lo que colgaba, un Félix de otra época, de unos 50 años, el mismo cabello alambrado y ojos hundidos. Estaba seco, momificado.

Inmediatamente pensé en como doblarlo y meterlo en mi equipaje, angustia elemental del pasajero emigrante convertido en mensajero. Miré al fondo del baúl y supe que tenía que comprar nuevas maletas, toda la familia de Félix siempre soñó con irse, huir.

Compre cuatro maletines de hule negro, flexibles, para el padre, una tía y los abuelos. Todos colgando de ganchos llevaban sus mejores prendas, pantalones desteñidos pero bien planchados, zapatos embetunados, remendados.

Me senté a conversar con mi gran amigo, recordamos el karate, el día en que él recibió una golpiza por defenderme contra los de secundaria, recordamos el entrenamiento militar que organizaba el gobierno, recordamos a Daniela. Daniela y yo fuimos novios hasta que yo emigré. En el aeropuerto Félix me contó que se habían casado y divorciado, ella estaba obsesionada con huir. Los recordé a ambos como los amigos que siempre necesité en tantas ciudades extranjeras.

Varias personas se detenían a mirar mis maletas, comentaban “Tremenda idea, de esa manera no nos pueden prohibir viajar” “¿Quién te va a prohibir viajar muerto en un perchero?”. Preguntaron a Félix como logró mantener los cuerpos en tan buen estado después de quitarles la vida. “El proceso es sencillo, con un poco de eee-de formol y sa sa salitre del mar…” explicaba mi amigo a los curiosos.

Pasaron varias horas y el avión se retrasó. Félix no dijo nada de querer viajar, sin embargo su manera de inclinar el cuello y mirar a todos como a través de un cristal lo delataba. Parecía liado a un cordel invisible que le sostenía el cuerpo de marioneta a punto de evaporarse.

Durante la siguiente hora se presentaron una docena de personas cargadas de maletas y sacos. Se bajaban de autobuses estruendosos y caminaban hacia mí con sus matules. El primero comenzó por darme las gracias con el comprometido interés de quien está desesperado por resolver un problema, me explicó que había tomado la decisión de “preparar” a su esposa e hijos, con aprobación de ella, para que yo me los pudiera llevar. No pude negarme. Estaban los tres dentro de un saco, con sus respectivos ganchos y sus mejores ropas.

El vuelo se retrasó nuevamente. A través de la tarde llegaron decenas de personas, unas ancianas trajeron a sus esposos. Unos niños trajeron a sus amigos arrastrados por las calles, vestidos con uniforme escolar listos para viajar en mis maletas. Un mendigo entro desesperado con un cuchillo pidiendo ser preparado, buscándome y amenazándome de muerte en caso de que no accediera a llevarlo conmigo. Félix se encargo de él, me defendió como cuando éramos niños. “Toooo-ma el baul también. Ahí caben veee-einte cuerpos más... bien aprisionados”

Anocheció, Félix y yo recordamos como jugábamos de niños imaginando que el apartamento de mi abuela, donde yo vivía, era un barco. Luchábamos contra un enemigo invisible en edificios contiguos. Imaginábamos que éramos capitanes de una embarcación gigante y viajamos a todas partes en ella, vivos, conocimos gente nueva, asesinamos piratas, pescamos y naufragamos, como todos ahora frente a mí, como Félix en su sombra delgada, como yo en tierras libres lejos de la isla... un tumulto de peces... ee-ee eeeeces, todos peces. Algunos mas peces que otros, náufragos, algunos nadan más rápido otros, son lo que el resto es también, pero menos claramente, náufragos… al final del juego regresábamos a la isla con orgullo de triunfadores heridos.

Mi vuelo se canceló y me dieron un boleto para la mañana siguiente, dormí un rato sobre el baúl. Me desperté en la noche para encontrarme con una fila enorme a la salida del aeropuerto, un hombre vendía escaparates especiales para colgar cuerpos. Pensé que no podría con tantas personas pero no me atreví a decir nada. Sentí que era mi responsabilidad ayudar a huir a todo el que quisiera. Después de todo yo lo había hecho dejando detrás a todos los peces, mi abuela, amigos, vecinos, ahora tenía toda la carga de ellos y yo podía ser cualquiera de ellos.

El último cuerpo que me lleve lo trajo un hombre ovalado, de ojos húmedos, cabello y bigote negro. Lo reconocí cuando Félix comenzó su llanto, era el padre de Daniela y la traía envuelta en una mochila bien acolchonada. La saqué y la miré de cerca, era diferente a la niña que recuerdo, muy delgada y de un cabello hermoso, negro, rizado y brillante. La guardé en mi morral personal y me la llevé en mis hombros. Félix se sentó y ya no habló más.

Un poco después detrás de la multitud se parquearon unos autobuses viejos, rumiaron y oscurecieron el cielo con los pálpitos de sus motores. Los conductores y unos pocos ayudantes extirparon maletas sucias, negras, de una tela sintética y delgada que se calentaba bajo el sol. Del último autobús salió mi abuela arrastrando más bultos negros. Yo estaba en la entrada mirándolo todo y ella caminó hacia mí con pasos firmes y reales para reafirmar su vitalidad ante un pueblo que muere atontado, me abrazó llorando y dijo “debes llevártelo todo, es lo único que puedo dejarte”

Las maletas olían a sal, a cal, orine, sexo, a tormenta y otros desastres. Después del miedo abrí la primera, albergaba un trozo de concreto, era la esquina de un balcón, del balcón del apartamento de mi abuela. La dejé entre abierta y corrí a otra, luego a otra, las abrí todas, hurgué en ellas buscando algo diferente y siempre encontré lo mismo: tuberías, ladrillos, lozas, tinas, ventanas, todo en ruinas, inodoros, las puertas del ascensor. Todo el edificio había vuelto a mí empaquetado, como regresa el miedo, como una silla de ruedas, como un sueño, un recuerdo.

El avión es un espacio enorme abarrotado de equipaje. Yo me siento en lo último del pasillo sobre el baúl de mi amigo, con mi mochila a cuestas. Apenas se puede caminar por aquí, mi torso se eleva entre todas las maletas negras, los escaparates y algunos cuerpos que se quedaron sin empacar. Sentado al lado mío está el cuerpo de Félix colgando de su gancho.

En mi apartamento lejos de la isla abro los ojos al amanecer y confundo la cocina con una cabina, el cuarto y baño son como alas. No tengo sala en esta casa. Este también es mi avión, repleto de todos los que deje atrás para ser libres. Siempre a punto de despegar otra vez, emigrar de nuevo. Debo conseguir trabajo y continuar con todos a cuestas de mi total emigración. Me temo que esta no sea la mejor manera de avanzar, pero es la única que tengo.
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Friday, April 26, 2013

La Espera

Fila: serie de personas o cosas colocadas en línea. El término “cola” es sinónimo de “fila” en algunos países caribeños.

El rumor comenzó en la mañana, Verónica lo escuchó en la reunión matutina de su colegio. En los principales edificios del estado se distribuirán productos de primera necesidad, alimentos, ropas, juegos y computadoras. En algunos casos se le dará la oportunidad al pueblo de participar en elecciones, no se especificó de qué tipo. Esta parte no le importaba tanto a la gente. Verónica sin embargo se inquietó… ¿elegir qué? Durante muchos años quedó intrigada en esa pregunta.

Esa tarde las familias ansiosas comenzaron a organizarse en la entrada de las instituciones. Las madres cargaban a sus bebés y los ancianos se sentaban, estrujándose como papeles sobre las aceras. ¿Qué están dando ahí? Preguntaban transeúntes antes de unirse a la espera. Los niños estaban emocionados por recibir sus primeros videojuegos, las madres imaginaban como racionar los pollos y las carnes. Los viejos urgían pastillas y asientos nuevos para esperar su hora final cómodamente reclinados frente a un televisor a color. Vestían ropas raídas por los puños, la batea, el calor de la calle y el sudor de sus dueños. Las filas serpenteaban de una acera a otra, creciendo molecularmente como la cola de una bacteria.

Las puertas no abrieron la primera noche. Oficiales salieron de los edificios a merodear como arañas patrullando sus redes, brindaron agua y pan, comunicaron que los cargamentos estaban casi listos, que debían esperar por otro buque en camino desde Asia con más productos de mejor calidad. Hay para todos, calma y esperanza. Estos eventos se repitieron cada noche durante las primeras semanas. Las colas eran tan largas que el temor de la gente a perder sus lugares superaba las ganas de volver a sus casas. En días de lluvia las personas se bañaban y lavaban su ropa, compartían el jabón y se restregaban las espaldas solidariamente. Al día siguiente secaban sus ropas bajo el hirviente sol del trópico. Después del primer mes las parejas ya hacían el amor en la cola, sudaban, se comían los cuellos, los labios. Se sentían felices, se les unían otros, olvidaban la intemperie y el calor durante unos momentos. Luego tomaban una siesta para recuperarse y levantarse a continuar la espera.

Con el tiempo los oficiales se mostraron menos, salían armados por la noche y ponían carteles en las calles con imágenes de los productos que estaban a punto de distribuir. No pierdan la confianza, ya vienen. Ollas de cocinar, aspiradoras, maquinas de afeitar, carnes, televisores, bicicletas. Una que otra vez ponían televisores gigantes donde se mostraban diferentes maneras de cocinar los alimentos o instrucciones para conducir motocicletas y automóviles. Así se mantuvo la esperanza.

A los pocos meses el agua y los panes ya no salieron más. Para comer hubo que sacrificar animales que merodeaban cerca a las filas en busca de alimentos, les sacaban su grasa y su carne, gatos, perros, aves y alguna que otra vez un cerdo.

Tratar de mantenerse de pie en la cola era importante, pues en cualquier momento avanzaría y habría que apresurarse. Los niños se desmayaban, los ancianos olvidaban la historia cada vez con más frecuencia y caían desplomados con la gravedad de cualquier anciano que no recuerda. La atención médica era escasa, los doctores no querían salir de la fila para atender a otros por miedo a perder sus sitios. Se acostumbraron a hablar de lo mismo, a ver las mismas caras, los locos, el ladrón, el infiel, la arpía, los sucios.

A los nueve meses comenzaron a nacer bebes en la cola. Salían de sus madres y se sentaron a esperar. Cuando comenzaban a gatear para perseguir una mariposa o alguno de los perros que quedaban, las madres nerviosas los cargaban y ponían en línea otra vez. Fue fácil para ellos adaptarse, permanecían de pie largas horas.

El pueblo entero participaba en las filas, las filas eran el pueblo, los oficiales salían solamente para asegurarse de que no hubiera violencia y nadie se atrevía a preguntarles por miedo a ser acusados de no creer. Se preguntaban entre ellos, ¿Cuánto falta? ¿A ti te han dado algo? ¿Es verdad que han muerto algunos?

Por pura nostalgia un pequeño grupo de personas decidieron regresar a sus casas abandonadas 10 años atrás. Se encontraron con huecos en los techos y tablas podridas. Les habían robado todo y se dispusieron a recuperarlo. Regresaron a alertar a los demás, gritaron enfurecidos. Algunos les creyeron y se les unieron, arrastraron su propia serpiente pequeña y viva por las calles. La mayoría se mantuvieron escépticos en sus serpientes enfermas desde el principio y creyeron la versión de cientos de oficiales que salieron inmediatamente a aclarar la situación.

Son una escoria que no les importa la gente, no los escuchen, solo quieren que el pueblo abandone las colas para ponerse ellos y obtener los mejores puestos, manténganse en sus lugares… no abandonen la esperanza y el tiempo que han invertido… se acerca el momento, todos tendrán lo que merecen.

Llovieron piedras sobre las cabezas de las escorias, algunos huyeron y nunca se les vió regresar. Algunos pidieron perdón y los mandaron al final de las colas donde vivieron el resto de sus vidas en silencio. Verónica vió horrorizada como arrastraban a los demás por el suelo, dejaban la piel en el asfalto, dos dientes saltaron cerca a sus pies y ella los recogió con cuidado pero nunca pudo devolverlos. Continuó guardando su lugar con esperanzas y temor. Sus sueños de llegar a la puerta y escoger un camino la mantenían emocionada al final de su adolescencia.

Una paz machucada y obscena paz se hizo costumbre. Las personas olvidaron su edad, sus nombres y sus familiares, olvidaron porqué estaban en la fila. Nadie se imaginaba la vida sin una persona detrás y otra delante. Los oficiales dejaron de aparecer, todo estaba en equilibrio. La gente no se atrevía a tocar a la puerta de los edificios… ¿para qué preguntar? Esperemos tranquilos, algo pasará pronto.

Verónica era ya una mujer, había tenido una hija. La niña Beronika, curiosa, descalza, padecía de algo parecido a la epilepsia. En la madrugada caminaba dormida, se perdía, días después la regresaban a su madre de mano en mano a través de la fila. En una ocasión Beronika no regresó. Pasó un mes antes de que su madre decidiera salir a buscarla. Caminó entre filas, preguntaba a la gente, corrió inspeccionando a las niñas pequeñas que encontraba. Sabía que ya no le devolverían su puesto, que tendría que empezar a hacer la cola desde atrás. Caminó de punta a cabo las serpientes sin respuestas o con respuestas absurdas. La niña sonámbula pasó hace unos años por aquí, fue en esa dirección, decían las miradas atemorizadas al ver a una mujer sin posición en la cola. Andaba cerca a uno de los edificios cuando un anciano de rodillas le juró que una niña había entrado por esa puerta una madrugada días antes. Él era insomne y la había visto con sus propios ojos, pero no vaya a entrar ahí, ahí vive el jefe.

A través de la puerta del edificio a medio cerrar iluminaba una luz amarilla, en otros tiempos la hubieran apedreado o arrestado por acercarse tanto. El edificio había perdido su color, la fachada se caía a pedazos, a los balcones le faltaban barandas. Parecía la entrada a un laberinto de seres míticos. Se miró las manos y recordó su primera ilusión antes de sumarse a la cola: elegir. Sintió las viejas ganas de entrar por la puerta y escoger algo que deseaba entre diferentes opciones. Ahora tenía su elección, después de décadas de espera.

Empujó la puerta despacio y encontró un pasillo ancho y vacío, la loza era de un blanco empolvado y con patrones circulares negros y delgados, como las filas. En una mesa de madera, una secretaria delgada vestida de uniforme verde había dejado su cabeza sobre un crucigrama antes de morir, su cuerpo no se separó de los cuadros vacios y las letras que le habían hecho compañía durante su vida. De las escaleras del fondo un sonido eléctrico, risas débiles y una tos estrepitosa llegaban hasta los oídos de Verónica.

Cada paso que daba tenía su eco, contra la cabeza blanca del cadáver de la secretaria el eco muerto, en las puertas abiertas de los baños el eco apestoso, de la escalera el eco asesino. Subió al segundo piso, estaba lleno de sofás, escritorios y sillas. Generales condecorados, ancianos y calvos, estaban sentados, a algunos se le veían sus huesos faciales y dos huecos enormes reemplazaban sus ojos. Sobre las mesas habían tazas de café servidas desde hacía meses, quesos, buen whisky.

Tres oficiales cincuentones aún con vida en un sofá aplaudían estúpidamente a un viejo moribundo cubierto de pelos y delgado que en su silla de ruedas eléctrica aceleraba hasta chocar contra la pared como tratando de escapar mientras daba una orden incomprensible. El estruendo de cada choque hacia vibrar los enormes cuadros que guardaban la fotografía del mismo hombre cuando joven, cuando adulto, cuando viejo. De la silla de rueda estaba colgada Beronika, divertida y juguetona. Le cortaba la barba al viejo con unas tijeras y le movía la cabeza de un lado a otro, lo ayudaba a estallarse contra las paredes, convencida de que era un juguete. Había estado comiéndose las sobras de los generales y durmiendo en sus camas. Los tres oficiales reían lánguidos una risa marchita y de vez en cuando aplaudían festejando el juego de la niña.

La madre se sentó estremecida, su hija corrió a abrazarla y se besaron. Vamos, es hora de ir a casa. Apagó la silla de ruedas eléctrica. Salió del edificio con Beronika en su brazo derecho y una bolsa de comida en el izquierdo. Dió la bolsa al anciano que encabezaba la cola, aquí están sus productos señor, váyase a su hogar. -¿y usted?- nervioso.

Verónica no respondió. Se fue con su hija a su antigua casa dejando la puerta del edificio abierta de par en par para el resto de la gente. Lemis Tarajano Baltimore Deciembre, 2012

Fotos: Lemis Tarajano
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Saturday, March 31, 2012

Para siempre hacer el cielo de tus saltos

Mientras vas dando saltos,
trayéndome un pedazo de allá arriba en cada uno
siento que es preciso decirte:
no todo lo cierto va a ser siempre cierto.
Habrán momentos en los cuales no podre dibujarte.
Habrán señales que no podre darte.

Estoy convencido de que habrán lunas
más grandes que tu y que yo.
Y aun más, cuando escoja mirarte a ti y no a ellas,
sé que perderé las uñas aunque me beses los dedos.

Pero sé muy bien que creceran de nuevo,
como yo, que aunque no me he ido
volveré con menos miedo,
volveré y te llevare siempre conmigo.

Soy el cuerpo de tu perfecto paso,
eres de mí una pieza en cada noche,
que sin ti es solo estrellas, pálidas, pasajeras.
Hago de ti mis besos, para cincelar tu carne sobre tu alma.

Sabes que cuando logre dibujarte todo lo que eres
quedarás enamorada de ti en mí,
como yo de tu beso ayer sobre mi pecho,
que es lo que más amo de mí.
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Wednesday, August 17, 2011

la herida y quedas como nueva


entonces disfrútalo
yo no soy
mejor sin ti
tu eres la misma sin mi
yo no soy
mejor contigo

encontrarte
desnudarte
todo viene continuo a tus pezones
tus pezones son como la letra Y
puedo decirte “tu y yo”
o puedo decir “tu pezones yo”

pude encontrar en lo más cercano de tu cabeza
que puedo ser yo mismo en cada dedo el amor

en tu corazón no se puede vivir
sin tener algo de sangre de algún dios
o tener tanta imaginación
como para hacerte feliz

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Wednesday, August 3, 2011

¿Dejar que otros hagan el amor por ti?

El Zapping, Sándor Márai y los somníferos
Por Rolando Tarajano

He comprobado que puedo vivir sin la televisión. Esa caja de imágenes automáticas que ataca la densidad de mi paciencia. La televisión tiene una fuerte relación con mis somníferos, se llevan bien, se confabulan, comulgan. Una acolita a los otros en su pútrida nocividad . El costo de dos buenos paquetes de somníferos es el mismo de una mensualidad de cable. ¿Qué te parece? Descubrí la trampa cabrona. Mi proveedor de píldoras para dormir parece decirle a su gran aliado, el proveedor del cable : este mes vamos bien, del putas..MADRE !!. Por eso tu comisión es generosa, gracias ¡!!. Se invitan al almorzar, se prestan putas finas, se regalan guantes de piel de cabritillo para jugar el golf de los ricos nuevos. No recuerdan el hambre, ni el hermoso Renault 4. Se mandan besos masculinos. Cortejan cada uno a la mujer del otro. Secreta, burdamente, como corresponde a su categoría… miserable. Solo en los últimos días han descubierto un pequeño detalle que va en su contra: La victima está leyendo de noche, y le va bien!

Les voy a explicar cómo funcionaba antes: me acuesto y comienzo a cambiar canales: cazadores de fantasmas verdosos que nunca se ven, ballenas casi extintas, idiotas de Wild on, películas manoseadas, telenovelas nacionales: ¡Historia antigua de la gastritis!, criminales, detectives, sangre en las alfombras, semen en los vestidos, pruebas de paternidad, gacelas, leones, yugulares rotas, mares negros, muertos, sucios, fríos, noticias… ¡basta! Una píldora salta hacia la panza, la panza la distribuye al cerebro. La victima cae en estado comatoso. Todos felices. Fin.

Les voy explicar que está pasando ahora: He regresado a Bogotá después de unas vacaciones en el mar y en las noches he querido volver a dormir como cuando viví en el mar, por lo tanto me pongo leer una nueva novela de Sandor Marai llamada La extraña, el tema es algo muy conocido por casi todo el mundo mortal, ¡la infidelidad! El protagonista fue infiel, y sincero, pero quiere que lo dejen en paz, olvidado, porque no quiere vivir con la misericordia ajena, y está estupefacto ante su nueva situación, rechazado, criticado y envidiado por todos, ¡todos pretenden ayudarlo a superar el evento trágico de su infidelidad!. El irónico y burlesco, es poético y profundo, es Sandor Marai.

La lirica de Marai me induce a imaginar el salón, el barco, los rostros, la piel, las voces de las personas que viven allí. En este cuadernillo verde claro, y con un solo gráfico pálido en el diseño de la portada. Cero imágenes, solo el mundo y los sonidos de las palabras y de las cosas que seas capaz de reconstruir. Treinta minutos de este ejercicio milenario y quedo profundamente dormido. Se disparan las alertas de los vendedores de somníferos, de los agentes de cables. Les arruiné su orden establecido, durante unas cuantas noches. Como aquel vendedor de pruebas de diabéticos que me encontré en un vuelo hacia Nueva York hace unos meses y que me conto con cierta felicidad que su trabajo tiene un mercado creciente por muchos años, porque varias generaciones de diabéticos espontáneos surgirán en la próxima década llegando a ser millones de personas en América. ¿El culpable? La comida rápida. Va creando victimas silenciosamente. El vendedor farmacéutico entonces es un ave rapiña, legal y exitoso y noble que vende un aparato para medir la sangre de personas enfermas Ese el mundo. Un arena, un circo de victimas. Victima de otras víctimas encapsuladas e inocentes.

Una admiradora me escribe. Dice que es una fanática. No me gusta el término, no lo acepto. Por eso me complace decir admiradora. Fanático es algo excesivo y grotesco como el gordo amarillo y tatuado que en televisión caza esos fantasmas que nadie ve, pero que él los licúa y los manda para otra parte, no sé bien a donde, y después cobra por eso. Yo también le pagaría por ese puré de sombras. No me gustan los fantasmas. La admiradora me dice que quiere leer mi libro, que lo ha comprado, pero que no sabe como leerlo, porque ella es muy floja para leer y no sabe por dónde empezar. Creo que no ha pasado de mi mini biografía que tiene cuatro líneas. ¿Alguien puede ayudar a leer a alguien por favor? ¿Alguien puede donar voluntad, apetito para leer, necesidad?. Deberíamos pagar por ello. Pero estamos empezando, se aceptan donaciones. ¿Le pregunto que porque es floja para leer? Me dice, con respeto, que lo que pasa es que hoy en día no es necesario leer un libro, existe el internet, donde puedes encontrar toda la información que quieres. Le digo: bien entonces no necesitaras hacer nunca más el amor. Porque en el internet encuentras toda la pornografía del mundo entero si quieres. Deja que otros hagan el amor por ti. ¿Para que practicar, correr el riesgo, viajar por ese placer, entrar a tu mundo propio, crearlo, para qué?. Si el cuerpo no sufre o goza determinadas experiencias, no será nunca un cuerpo real. Pero el internet y la televisión automática te protegen de eso. Mi tierna admiradora piensa que Los libros tienen dientes, colmillos. Tiene razón.

Si yo tuviera 45 minutos que gastar, me iría dulcemente a una fuente ¿verdad?

El proveedor de somníferos dice: ya tomamos medidas, hemos lanzado un genérico mucho más económico y que promete erradicar pesadillas y fantasías durante el sueño, rectificamos, durante el descanso.

¡Y nada El individuo sigue leyendo!

El agente de tv cable dice: Nosotros hemos dado un mes gratis de canales para adultos, no me explico con esas croatas en cueros quien va a leer a un viejo húngaro aburrido.

El mundo está perdido.
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Monday, April 4, 2011

De naves espaciales y cerezos

Ahora me siento mejor, creo que ya estaré bien.
Antes de las seis en el aeropuerto,
Me deshice
como las rocas ante el mar.

Esa cara me destruye,
Con sus silencios y cascadas,
tras miradas.

Por algo tuve tiempo,
para desnudar el pequeño corazón,
que ha trabajado demasiado
contra la soledad.
Lo quise ver descansar en mis dedos,
pero el miedo.

Es de naves espaciales y cerezos,
está entre el agua y el aire,
como las olas.
Y me faltan los dos.
Me faltan las nubes,
la lluvia
las flores,
el peligro.
Me falta después de tanto pensar,
lo que le falta al tiempo:
saber donde están los astros
para salvar la luz.
Mientras que a la luz no le falta nada.

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Saturday, February 12, 2011

Habana Carne

“I Am Cuban” es un libro de fotografías que muestra Cuba a través de un lente sensible a detalles, dolores, catástrofes, alegrías, luchas, y locuras dentro de la isla. Cada imagen de la artista Helena Kubicka de Bragança logra acariciarnos, o bien impactarnos, con una gama de diversos sentimientos, a veces tiernos, a veces de temor pero siempre despiertan la curiosidad.

Por y para el libro escribí la historia que brindo a continuación, "Habana Carne". Otros tres escritores también contribuyeron con su talento para hacer de este libro una travesía de imágenes e imaginación. Como corresponde al buen arte, el publico cruzará el libro encontrando preguntas, respuestas y descubrirá una nueva dimensión de la realidad cubana.

Afuera de los Estados Unidos el libro se puede comprar a través del sitio web de los editores: http://www.damianieditore.it/catalogo.php?IDcat=105
Para más información y otras formas de pago por favor escribir a: helenakdb@yahoo.com, o visitar el sitio web de Helena: www.helenaimage.com

Libro: I AM CUBAN - Español, Inglés, Italiano
Fotos de Helena de Bragança
Introduccion de
Ralph Gibson
Escritos de
Lemis Tarajano Noya
Liset Alea
Romina Ruiz-Goiriena
Pedro Juan Gutiérrez

HAVANA CARNE
Por Lemis Tarajano

Poco quedaba en el departamento anémico de Cecilia, abuela de nadie. Un refrigerador anciano y escandaloso, muebles en ruinas y un televisor Panda que albergaba el reflejo un cadáver, como un sarcófago de plástico ruso. Cecilia flotaba sobre la cama, lánguida, empercudida. Murió sola, su familia había partido a otros mundos, algunos trabajaban en Disney Land y otros rumiaban desempleados por el cielo. Ella decidió quedarse en Cuba. En su última tarea, intentó borrar las cicatrices de las paredes de su cuarto, raspó la pintura vieja y cuarteada, limpió heridas viejas, después comenzó a pintar. Pero la pintura que le habían regalado solo alcanzó para dos paredes y media, el resto quedo seco y fosilizado.

La puerta de la casa se abrió y entró una figura joven con una mochila a cuestas. Alexis, de 17 años, el traficante de carne que comenzaba su camino, un rey con bolas sobre la Habana, la “bolsa negra” y la esperanza de los cubanos de comer carne. Piernas y cabezas de cerdo que su padre criaba. Era alto, flaco y como buen cubano, sudaba todo el tiempo. Soñaba todo el tiempo, despierto, desesperado. Su peor pesadilla: salía a la calle y todos en el barrio tenían cabezas de cerdos, cuando se miraba en un cristal del viejo Ten Cents sentía pánico al ver que su cabeza también era porcina. El barrio parecía un corral gigante, revolcado en gruñidos y zancocho. Había un cerdo verde y rancio, que se comía las cabezas humanas y luego les implantaba sobre los hombros una nueva cabeza de marrano con sonrisa estúpida.

Al final, el cuerpo protestaba contra la nueva cabeza, intentaban cercenarlas unos a otros con un cuchillo hasta que desangraban. Algunos terminaban conformándose y deambulaban por el barrio resignados, con cierta vergüenza de su nueva y repugnante naturaleza.

Alexis despertaba aterrado. Esa mañana, a las 6:00am entró a casa de Cecilia para venderle comida, trabajaba temprano porque los policías cubanos duermen la mañana. Pasan la noche extorsionando a muchachas y muchachos prostitutos. Entró a la casa sin camisa, la había puesto en la mochila para absorber un poco de la sangre que manaba de la pierna de cerdo. El sudor ya había hecho capas de resina en su piel y a esta hora ya había perdido consistencia, parecía que sus poros sudaban lágrimas. En la habitación del fondo se escuchaba Radio Reloj:

“La Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en su balance del año 2009 informó que en Cuba no existen problemas de desnutrición infantil. Se convierte así en el único país de América Latina en lograr semejante meta.”

Avanza hacia el cuarto, la llamó en voz baja, “Ceciliaa”, el nombre quedó sobre el cadáver de la anciana reconociéndose. Sintió un olor inconfundible a muerte, vió el reflejo opaco del cadáver escuálido en el televisor y caminó hasta la habitación para ver los restos de Cecilia. Le pareció ver lo que era: restos de un naufrago. Había descubierto ya tres naufragios en las casas de su barrio, encontraba a los ancianos arrugados por el sol y la melancolía, muertos en sus muebles de antaño.

El entierro de Cecilia fue rápido, polvo, mas polvo, a nadie le importa. Sus pertenencias fueron distribuidas, Alexis heredó el gigantesco televisor Panda, lo instaló en su cuarto. Una noche, aburrido, escaneaba más allá del par de canales de la televisión cubana. Después de 140 canales de granos grises, negros, ruidosos, encontró un canal que funcionaba y pensó que seguro era una señal robada al extranjero, se alegró tanto que deseó tener ron para celebrarlo. La imagen era nítida, intensa y brillante, mostraba una mujer sentada mirando al oeste a través de su ventana, tenía el torso y las piernas desnudas, apretadas. Sus muslos dorados, hacían de ella una hembra feroz, su piel y estomago eran una lluvia de oro brillante. El cabello fino, negro, las manos sensibles. Una le descansaba en su bajo vientre, mientras otra apuntaba a su pecho, como buscando su alma. Sus labios breves murmuraban la melodía de “Vete De Mi”, sus pezones firmes apuntaban al cielo. La luz de la ventana proyectaba su sombra en la pared, parecía tener alas negras.

Alexis despertó del aburrimiento y comenzó a tocarse desenfrenado, la imagen había despertado en él su adorada bestia. El alboroto hizo a la joven saltar de pánico y miro aterrada a Alexis a través de la pantalla. Alexis subiéndose sus pantalones miró fijamente a la pantalla, ¿Cómo es posible que esa mujer podía verlo desde dentro del televisor? Ella se agachó detrás de la cama, el notó que el cuarto de la muchacha era el conocido cuarto de Cecilia. Nadie dijo nada, el silencio dejó espacio en sus mentes para el miedo. Se miraron por varios minutos, después llego una calma, llena de comodidad y deseo.

Ella salió de atrás de la cama, se cubrió con la sabana pero inconscientemente dejo parte de sus senos al desnudo, la tela blanca acariciaba su piel, como la espuma a una suave playa.

Pasó el tiempo y ellos conociéndose, “¿me escuchas?” decían, pero no podían comunicarse con palabras. Utilizaban gestos y señales, al principio imitaban los movimientos del otro para comunicarse, así se divertían, ella reía, el se sentía en un sueño.

Pasaron algunas horas y un apagón les cortó la comunicación, Alexis se durmió esperando a que volviera la luz. Después de media noche un aullido de los vecinos anunció que volvía la electricidad, “llegó la luuuuuuu!!!”. Alexis despertó y vió a su musa durmiendo, la contempló durante la noche a través de la pantalla, la cuidó como un perro y como un amo.

Pasaron los días y Alexis no salía de su cuarto, pintaba sin pincel, bailaba sin música, escribía sin papel, poemas y cartas a la piel de su diosa. Había abandonado toda realidad. Todas las noches él y ella se miraban, deseaban, reían, amaban, ella le exponía cada parte de su cuerpo, le habría sus piernas, jugaba con sus pechos, el solo pensaba en viajar dentro de aquella caja y estar a su lado. Ya no vendía huevos, ni malangas, ni cerdos, ni pollos.

Yadelis, la novia de Alexis, estaba desesperada. Una mulata tosca de ojos verdes, de caderas indestructibles, soñaba con salir de Cuba. Una noche forzó a Alexis a salir de su cuarto, lo condujo a una ponencia santera en un solar en el borde de un precipicio. Una antigua construcción colonial de cuatro pisos que temblaba al compás de los tambores, vibraba al ritmo de los brincos y gritos de los bailarines. Todo el aire estaba poseso por los espíritus esclavos de la Cuba colonial.

Entraron al salón y se pararon frente a Irene, que danzaba con fuerza sobrenatural. Esta negra de cabello colorado se ganaba la vida inventándoles el futuro a turistas. Tenía el cuerpo largo y flaco pero robusto como un pino. Miro a Alexis con sus ojos botados, lo enredo dramáticamente con su pañuelo rojo, vomitó humo de cigarro sobre él y le dijo: “¡Mijo tú te vas de esta tierra pronto, pero nadie se va sin dejar restos”. Yadelis quedo satisfecha, le dijo a Alexis: “Esa negra no se equivoca, le dijo a panchito que alguien cercano a él se iría de Cuba y al año siguiente el bodeguero se fue con su familia!”. Alexis huyó de la fiesta, había entendido que tendría que hacer algo.

Fue a casa de la difunta Cecilia, entró a su cuarto, que era el mismo que tanto veía cada noche, donde habitaba su amor en el canal 140. Buscando en las paredes encontró un retrato viejo, ovalado, fracturado. En la imagen estaba Cecilia de joven, se dio cuenta que era la misma mujer de su televisor. ¡Cuán injusto es el tiempo! ¡Soñamos y esperamos, entonces el tiempo, traicionando a la humanidad, recompensa a quien le da la gana! Había muerto la mujer de sus sueños, abandonada, presa, sola.

Salió corriendo de la casa, a la calle sucia, ardiendo, el sol calentaba su cabeza, trazó un plan para mudarse dentro del televisor junto a Cecilia. Ese mismo atardecer le robó una cámara de video y una laptop a unos turistas que andaban de safari estudiando con gran progreso la identidad minimalista cubana. Le pidió prestado el DVD a Yadelis (regalo de un viejo amante mexicano) y lo llevo a su casa, lo instalo junto al televisor. Ya los instrumentos estaban listos, solo faltaba él.

Fue al cuarto de Cecilia y puso la cámara desde la perspectiva que se veía en el televisor, se tomo un video lento, habló de amor, de futuro y de lo poco que sabía del mundo. Regreso a su casa y usando la laptop grabo su video en un CD, lo colocó en el DVD de Yadelis y lo proyectó en el televisor donde vivía la joven Cecilia. Presionó el botón de reproducir, comenzó a ver su video. Al lado de su imagen en el televisor, comenzaba a aparecer la silueta de Cecilia, desde afuera vió como los dos estaban en el mismo cuarto y se descubrían por primera en la misma dimensión, dentro de aquella caja negra. Observo cómo se acariciaban en aquel mundo cuadrado y se llenó de felicidad.

Ya es de noche y afuera del televisor Alexis decide morir con un cuchillo de cocina, de un solo trazo dibuja la línea de su muerte en su cuello. En el televisor, Cecilia y Alexis tiemblan sobre la cama, de miedo y de placer, el toca sus piernas, ella se hincha, su espíritu va a la superficie a recibir las caricias. Están lejos de aquí. Esa noche hubo apagón, y el televisor se rompió para siempre.

Nadie supo jamás de Alexis, Mañunga, el rey de la calle, un hombre con bolas, no tenía miedo de vender carne en la Víbora. El televisor sigue en su cuarto vacio. Yadelis se fue de Cuba. El barrio siguió errante. Los restos, la carne de Alexis, aun quedan por descubrirse.
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Saturday, July 10, 2010

New York, El Sexo, Las "Chinas" ...y... Yo.

Por Rolando Tarajano
Estoy en el Central Park, acabo de sentarme sobre la yerba caliente. Hay 105° Fahrenheit-41° Celsius. Una tremenda ola de calor abraza a todos los estratos: perros, pájaros y hombres .Todos bullen hoy majaseando , haciendo pereza en el centro del mundo . Creo que la ciudad hierve por la obsesión de cocinar pizzas en cada esquina. En New York City hay una cantidad exagerada de pizzas. La gente debe tener un 30 % de sangre , 20 % de agua y un 50 % de salsa de tomate en su interior.

Después de la pizzas , hay otra cosa en abundancia en esta ciudad : mujeres asiáticas (chinas ... diríamos los cubanos para simplificar) .Salen por todas partes , recién bañadas , miles por minuto, blancas como la crema de la leche , muestran las piernas con diminutos shorts , llevan gafas oscuras ; no tan oscuras porque necesitan confirmar que casi todo el resto de las mujeres y algunos pocos hombres que valen la pena , se voltean para mirarles las piernas. Las chinas tienen una sensualidad muy particular, tienen cierto nerviosismo en sus gestos , como si estuviesen en alerta, temerosas de ser delatadas o atravesadas por un sable samurái .Es en lo único en que se parecen a sus madres . Tal vez sea la memoria ancestral. A sus abuelas no les era permitido levantar la vista, ni sonreír, ni mirar un hombre ni a una mujer en público. Dócilmente dirigían la mirada al suelo, se tragaban sus expresiones y sus acentos de deseo. Todo con tal de pasar inadvertidas y no ser acusadas de sensualidad.


Las nuevas chinas hacen lo que se les da la gana , tienen senos pequeños que se marcan bajo sus camisetas frugales , sus piernas son hermosas , se alzan con descaro hasta la cintura , es fácil de imaginar el sexo pequeño en el centro del cuerpo , firme y orgulloso ,esperando, como el corazón blanco de las almendras abiertas . Las nalgas diminutas apenas se balancean y caben en una sola palma de mi mano. Cierro los ojos un rato, el sol cae sobre mí, también sobre mi perro Toulouse que jadea en el calor sin brisa de la mañana NewYork-China... pienso si en realidad merezcan tanto delirio ...en resumidas cuentas son desconfiadas , pienso en lo frio que sería tocarlas por casualidad, semejante a la piel de una rana ..... ¡No me importa! Sigo pensando en sus nueces blanquísimas y en sus piernas como tenazas trenzadas a las mías. Me siento feliz y lleno de ideas, ahíto de carne cruda, como un tigre, cubierto de sangre. Por primera vez en mi vida confieso que:

Me gustan las mujeres asiáticas. Hace un año exacto que soy amante de una de ellas, es hermosa , obstinada impredecible, tiene extraños y bruscos devaneos, malas mañas , exabruptos y desmanes . Pero no me importa: he mordido sus labios de rosa y su cuello de ave , absorbo casi semanalmente su perfume de templo de rock band , sus lágrimas de rabia y sus malas palabras de la tarde ...he lamido sus parpados como un perro feliz que aprende a susurrar algún idioma...beso sus manos y su espalda , sus pies y su cabello …. y como siempre la veo con los ojos que dios me ha concedido, estoy seguro que no es mujer , sino es un ángel. Hemos bebido vino, aguardiente, cerveza ,tequila , y nos hemos regalado tantas ofensas como poemas de amor... hemos sudado juntos toda la noche , y nos hemos despertado para sudar de nuevo......y todo esto en un año !! En el último año de mi vida ficcional!!!

El actor es un animal sensual, arrastra muchas vidas, mientras más vivo y más trabajo tengo, mas lleno de vida me siento. Pero hay algunos efectos secundarios: hay días que siento una gran carga, los hombres que fuí se mueven un mi cabeza , unas veces me piden regresar y no puedo traerlos de vuelta. Me da nostalgia no volver a ser ellos, quien no quiere ser otra vez: Satanás, o Calixto, o un poderoso gamonal ganadero?...un envidioso hermano culto y elegante del siglo antepasado? ... conducir buenos carros , y excelentes caballos , tener a tu servicio todo un mundo de gente que te adulan tanto que te producen asco o diversión, e igual te gusta.......Pero si alguna vez pudiera hacerlo elegiría los momentos más sensuales de sus vidas, o sea de las vidas de mis personajes ... Así teniendo en cuenta mi historia sexual en la ficción, amaría otra vez a: un par de monjas muy sexys ,a una adolecente pasional que se me entrego una noche en un jardín del Medioevo, a una hijastra confundida y sincera que me robo el corazón para hacerlo sufrir antes de devolvérmelo sin sangre y llevarme a la cárcel ,a una noche de sexo desesperado con la esposa de mi mejor amigo, varias noches clandestinas con la novia de mi hijo, con la amiga de mi esposa…etc. etc. etc. Un año entero de sexo y amor con una residente de cirugía ...asiática , que me pidió una cama grande para dar vida a una no relación...llena de diversión y amor sincero!!! Espero que me hayan entendido..... Mi vida en la ficción ha sido larga , tan larga y tan difícil como la otra....pero en ambas me juego la vida y eso es excitante!!!


Abro los ojos , sigo en el Central Park, en medio del corazón del mundo, convertido en una bola -infierno de calor , reforzada por los hornos de pizzas y las chinas semidesnudas . Una mujer de unos 40 años se ha acercado hasta mí, exactamente hacia Toulouse, mi perro .Hay que decir que este can atrae. Tiene los ojos color verde- intenso y mirada profunda y músculos hermosos, es un perro aerodinámico, con suspensión , produce cierta envidia atlética. Fué diseñado para complacer el ego de unos antiguos reyes despóticos... En la Alemania imperial. Sin embargo es excesivamente amable y fiel… por eso lo adoro...... La mujer comienza a hablarme, me dice algo en inglés sobre que mi perro parece tener una sed espantosa , dice que a solo unos 20 metros hay un bebedero también para perros, por si acaso yo no lo sabía.... se inclina hacia el perro y deja ver dentro de la blusa blanca unos senos grandes, hermosos, bronceados. Es voluptuosa , de caderas anchas y felices... tiene pecas en la espalda , en los brazos en los senos, es otra mujer .... perfecta.... Acaricia a Toulouse que se levanta amistoso y se yergue a la altura de sus pezones ...... Una oleada de sensualidad me abraza...todo esto llega hasta aquí..... Ella sonríe. Hasta aquí.... no me lo había propuesto, le explico que es una raza así, jadeante, expresiva.... Que lo hace para enfriarse porque no sudan naturalmente ...la mujer tiene ojos color miel ...el cabello enredado, café obscuro, le cae en una trenza sobre sus pechos ..sonríe tranquila , tal vez suavemente , protectora, pícara...me dice : Anyways I think that he is thirsty !!! ..... Esta vez descubro debajo de su inglés un fuerte acento carioca...se marcha en un bamboleando como si sobre su cabeza llevara una enorme palangana repleta de naranjas y cocos jugando al equilibrio....Toulouse me mira con la lengua afuera....pidiéndome alguna caricia de aprobación....
Dr. Javier Burgos

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