Tuesday, January 31, 2017

_| Travesía

Considero que los siguientes son los ingredientes para una historia de aventura perfecta

- un viaje

- un lobo

- dormir poco

- algo perdido, se busca, no se sabe qué es

- un pasado nublo, sórdido, incomprensible, que no deja en paz la mente del protagonista

El lobo tiene mente de hombre, no le interesa hablar, es escritor (no se pregunten cómo escribe). Es más alto que un perro pero más bajo que los otros lobos. Es muy delgado, nació en el desierto, Méjico o Tejas.

Llegar a Luisiana le tomo 3 semanas, en la selva durmió cerca de unos cocodrilos inmóviles. En la mañana cazó una ardilla y mientras comía, un cocodrilo joven intento arrebatarle su desayuno pero solo logró dejarle una cicatriz en el hocico.

Se paseó por las calles de Nueva Orleans, todos pensaron que era un perro. Se dejó adoptar por dos semanas por un músico callejero anciano que tocaba la filarmónica. Luego continuó su marcha. En Georgia escucho aullidos como los de sus natal Tejas (o Méjico), recordó a sus amigos muertos. Paso un año en una reserva indígena en donde lo trataron como al más temible de los lobos pues a su llegada se peleó con la más grande de las perras de la reserva y la mordió hasta que cayó al piso, luego se detuvo, no la mató, la perra se recuperó y fue su compañera. Por primera vez probó la carne de venado.

Era primavera y pensó en viajar al sur pero supo que no aguantaría el calor y partió al norte dentro de un camión lleno de trabajadores de la reserva.

Los trabajadores paraban en las ciudades del camino a Canadá, recaudaban fondos y vendían mercancía echa en la reserva. Era otoño y el lobo quedó fascinado con el follaje en las montañas de Vermont. Entre quedarse y seguir decidió quedarse. Descubrió que los animales del área eran tranquilos, apenas cruzaban miradas, hacían el amor en silencio y no se mezclaban con los humanos. Por primera vez probó la carne de langosta.

Pasó el invierno en la casa de verano de algún hombre de empresas. Estaba cómoda, vacía y bien surtida.

Cruzando una pradera de nieve en descongelación recibió un disparo en su pierna derecha. Corrió lo más rápido que pudo a un lago cercano, limpió su herida, nadó a la otra orilla y se echó exhausto al pie de un árbol. Durmió por varios días, comiendo nieve derretida y hierba seca. Un lobo mucho más joven, más alto y más delgado lamió su herida una mañana, le trajo un zorro recién cazado y trató de ayudarlo a levantarse. Pero ya estaba muy débil para comer y levantarse.

La noche antes de morir otros dos lobos jóvenes vinieron a verlo, aullaron a la luna, lamieron su herida, escucharon la historia de su travesía y durmieron a su lado.
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Sunday, January 22, 2017

Historia radicalmente condensada de la vida postindustrial

Cuando fueron presentados, él hizo un comentario ingenioso queriendo caer bien. Ella se rio muy alto, queriendo caer bien. Luego cada uno manejó solo a sus casas, mirando directo al vacío, con la misma mueca en sus rostros.

El hombre que los presento fingía que ambos le caían bien, por la ansiedad de preservar buenas relaciones con todo el mundo. Uno nunca sabia, después de todo, si uno, si uno, si uno, si uno...

David Foster Wallace
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Sunday, January 15, 2017

La Era de la Cilubina

3 de enero del 2079

Es difícil no encontrar sentido en la idea de Andiono de que nuestro tiempo pasó como el de muchas especies antes de nosotros. Antes de la era del hombre, cuando los dinosaurios poblaron la tierra, el mundo era imposible con carros y maquinas, lo que llamamos inteligencia era un concepto en el mejor de los casos imposible. Durante nuestra era, el concepto de Cilubinas era acaso igual de inusitado. Lo que poseen estos nuevos seres que nacen mientras nosotros desaparecemos es incomprensible. Le hemos denominado Cilubinas por razones que desconozco y que desconoce el propio Andiono, el mejor científico de España y líder de nuestra aldea. Posiblemente la última aldea en Europa, con seguridad la última en España.

Hemos aceptado nuestro destino y sin muchas batallas que nos queden por ganar hemos escogido quedarnos tranquilos en este espacio de tierra, darnos la mejor vida posible, enterrar a nuestros muertos en paz y no tratar de entender el mundo. Al menos eso hacen la mayoría, la resignación los mantiene tranquilos. Andiono y yo hemos estado haciendo lo contrario, cada noche especulamos, escribimos, enviamos señales de radio y planeamos expediciones a Madrid, a lo que solía ser Madrid, que ahora está poblado de Cilubinas, de las más extrañas, las que son de humo, les llamamos Los Alientos, porque son tibias, húmedas y huelen a algo parecido al café. Hubo quienes les llamaron Los Fantasmas, Los Espantos, Fuegos Fatuos, pero esos ya están muertos, ahora solo quedamos los de nuestra aldea y nosotros les llamamos Los Alientos. Son formas echas de un aire oscuro, por lo general delgadas, rectas, siempre en posición vertical y pegadas a la tierra. Se mueven rápido, a veces se mezclan por unas horas y cuando se separan se duplican o triplican en número. Aunque Los Alientos nunca nos hicieron ningún daño a los humanos Madrid fue la primera ciudad de España en ser evacuada y fue por pánico, una terrible decisión porque sus alrededores si estaban poblados por Cilubinas toxicas y fatales para los humanos. Quizás en Madrid aún se pueda vivir.

Que quede claro que pertenezco a la escuela de pensamiento que dice que no son las Cilubinas las que están acabando con los humanos directamente, nuestros problemas empezaron mucho antes y fueron de naturaleza ambiental. Andiono ha escrito mucho al respecto y en sus investigaciones está sustentada la teoría de que las Cilubinas son producto de cambios químicos en nuestro planeta, los mismos cambios que han ido acabando con los habitantes de nuestra aldea. Las Cilubinas vinieron después y solo aceleran el proceso de extinción.

Hace 5 años éramos 744 y hoy somos 535 en nuestra aldea. Me alegro de haber documentado la vida de todos los habitantes en este diario, guardo la esperanza pueril de ser leído dentro de mil o diez mil años cuando se estudien nuestras vidas. Escribo cada noche después de regresar de casa de Andiono, de conversar sobre la posibilidad de sobrevivir, de detener la muerte, de volver a poblar la tierra.

Pocas veces me detengo a pensar en lo que creo y espero. Cuando lo hago siempre me arrepiento pues sé que nuestra situación es terminal, desesperanzadora. La expedición a Madrid es utópica. No hay manera de que podamos cruzar 200 kilómetros de especies de Cilubinas que nunca hemos visto, que nos puedan matar con solo mirarlas. Nuestros planes y conversaciones no tienen ningún sentido. Pero la verdad es que quiero vivir, quiero que Maria viva y que viva nuestro hijo Alexis. Quiero morir dentro de 35 años y que los 535 nos encontremos convertidos en 5000, que estemos repoblando España, que Andiono haya sido nuestro líder y que estemos ya en contacto con ciudades florecientes en Francia, Inglaterra, Marruecos. Pienso en esto y sigo trabajando.

5 de enero del 2079

Acabo de verla, ha crecido la primera Cilubina en nuestra aldea. La he visto mientras caminaba de regreso a mi casa, después de una larga noche de planes con Andiono. No creo que nadie más la haya visto. Es pequeña, pero no tardará en tomar fuerza.

Es una de las peores, una de las que crecieron en China. La recuerdo en las noticias hace más de 7 años, llegan a ser del tamaño de una montaña pequeña, salen de la tierra como un árbol o como una mandrágora, tienen una especie de cuerpo de oveja o camello, se retuercen cada segundo como un animal asustado, sus piernas son delgadas, están enterradas como tuberías de madera dorada, sus cuerpos están cubiertos de trozos de una materia cremosa que parece algodón y que brota de todas sus partes como verrugas. En China no quedó un solo sobreviviente después de 1 mes de la primera aparición.

Cuando la vi regresé instintivamente a casa de Andiono a avisarle pero me detuve en su puerta y regrese a mi casa, decidí escribir esto en mi diario y meterme en la cama con mi mujer e hijo que duermen ya tranquilos. Mañana hablare con Andiono, quizás escondamos la Cilubina, le echemos tierra para que nadie la vea, quizás decidamos evacuar la aldea y buscar un paso seguro a Madrid.
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