Tuesday, June 1, 2010

Revoluciones: Los estanques de nuestra especie.

En las revoluciones lo opuesto a un opresor y un oprimido es un oprimido y un opresor.

La revolución es un sueño que suele presentarse en algún momento de la vida y en muchos suelos, o incluso puede acaparar, fanáticamente, el funcionamiento holístico de la existencia humana en países, ciudades o instituciones. El concepto de una revolución da una esperanza fantasma, pretende romper con el pasado y construir una nueva historia, ¿Cómo se puede violentar el curso de la historia sin un previo intento de actuar en ella evolutivamente (tratando de cambiar su entorno impuesto)? ¿No es facilista destruir todo para después aplicar una teoría no probada? Usualmente los revolucionarios se avejentan en el intento de reconstruir la sociedad que deshicieron. Esto pasa porque las revoluciones, puestas en práctica, se llenan de obsesiones y represalias contra el enemigo, no son humanas. Mientras tanto los revolucionarios piensan tener casi todo el camino forjado con tan solo utilizar la palabra revolución, concepto herido por la hostilidad de muchos ex-oprimidos revolucionarios.

El hombre tiende a una deshumanización destructiva, fundamentada en alienarse de la búsqueda del conocimiento, este estado es reforzado por las revoluciones privatizadas de los líderes, quienes desamparan la conciencia y libertad del pueblo, utilizando una publicidad cómoda para liderarlos lavándoles las mentes. Esta publicidad invoca el odio, la miseria, el dolor y otros sentimientos humanos que ciegan a los pueblos. Los líderes hipnotizan, convenciéndolos de que la única manera de romper su opresión es con un giro absoluto en dirección opuesta al de los opresores. Este giro puede significar progreso, pero en la práctica resulta en un cambio de intérpretes de los mismos personajes dramaticos en diferentes sistemas, un mismo perro (oprimidos y opresores) con diferente collar (dos sistemas de gobierno). Si tomamos cualquier revolución de nuestra historia y partimos de la necesidad clara de un cambio - confiando en la percepción de la sociedad que puede ser puramente subjetiva por tanto errónea - vemos un factor común: antes de la revolución sus practicantes no actuaron sobre las circunstancias que los oprimía por tanto no tienen el conocimiento suficiente para cambiarlas. En resumen, existe un paso antes de la revolución, el espacio en que se prepara para el cambio, se concientiza, compromete y practica la acción.

De revolución en revolución se atenta contra las libertades humanas, ningún pueblo puede estar tan de acuerdo como para destruir sus circunstancias y aventurarse a una nueva lotería en la cual los líderes revolucionarios más poderosos toman el control, sin importar a que sistema de gobierno representan. La revolución debe ocurrir dentro de las personas, los debates deben ocurrir dentro de nosotros, dentro de los libros, dentro de las instituciones. (segregados) Ninguna organización con un propósito puede estar cargada de mentes iguales, si esto sucede el pueblo no será representado de manera apropiada.

El primer gran error que destruyo el concepto de revolución es aceptar que deben ser violentas por parte de los oprimidos. A partir de ahí la práctica de la revolución es humanamente inadmisible.

Por motivos personales tomo el ejemplo de la revolución castrista en cuba. Le doy una posible descripción: una eterna lucha por la victimización hostil de unos funcionarios, que comparten un mismo modo de pensar, constituyen el 1 % de la población y pretenden representar a un pueblo. Se destruyo un régimen hostil y se construyo otro, basado en doctrinar a los ciudadanos. No solo el régimen de Castro tomo el mismo papel que jugaba el régimen de Batista, si no que algunos opositores (de ambos regimenes) tomaron el papel de oprimidos. Actúan como víctimas educan a violentos representantes de esta victimización anacrónica y facilista, quienes piensan que el terror es una herramienta de defensa.

Si las revoluciones todavía sostuvieran un significado humano, diría que se necesita una revolución en todo el mundo. Lo necesario es que todos tengamos interacción y dialogo con nuestras circunstancias, y actuemos conscientemente sobre ellas, no nos detengamos por miedo a las complejidades de pensar, no escojamos a un representante que nos hable y prometa, sino que nos escuche y haga pensar. Este es el gran problema de las revoluciones, que le hablan al pueblo en vez de hablar con el pueblo, que llenan al pueblo de soluciones preconcebidas en privado en lugar de educar y hallar las soluciones juntos. Entonces la revolución se vuelve una nueva dictadura.

Lemis Tarajano

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